martes, 4 de octubre de 2016

WYNDHAM LEWIS, UN ENEMIGO GENIAL

Julia Luzán
El País06/02/2010

Soy un esqueleto en el armario. Así, con tan gráfica metáfora, se definía Wyndham Lewis (1882- 1957), pintor, novelista, intelectual..., un hombre raro, muy raro, contradictorio, mezcla de león y lobo, como los héroes de las obras de Shakespeare, que hizo de su vida una obra de arte un tanto peculiar.



Lewis, "posiblemente la figura más controvertida del arte británico del siglo XX y una de las más distinguidas ausencias que cabe registrar en el canon del arte del siglo XX", según Manuel Fontán, director de exposiciones de la Fundación Juan March. Adepto confeso de Wyndham Lewis, Fontán habla con entusiasmo del artista ante una mesa plagada de primeras ediciones de sus libros y de Blast -"una enorme revista color magenta"-, que Lewis editó y que se publica ahora en facsímil, coincidiendo con la muestra.

Lewis fue, ante todo, un provocador, un lanzador de misiles en la puritana sociedad victoriana inglesa. Inventor, entre otras muchas cosas, del vorticismo, un estilo de pintura geométrica abstracta, concebido como reacción al movimiento futurista de los artistas italianos. Un hombre fascinante.

Atractivo, rico, de buena familia, Lewis lo tenía todo para alcanzar la cumbre de la fama, pero su temperamento le jugó alguna mala pasada. Olvidado en el trastero de la historia, este hombre nacido a bordo del yate de su padre, en Nueva Escocia, Canadá, estaba predestinado a ser un personaje de novela. Con poco menos de un año, abandonada la familia por el padre, regresa con su madre a Inglaterra. Acude a los mejores colegios, pero es un gandul. Con menos de veinte años, decide ver mundo. Recala en París, la meca del arte, donde sus ojos se abren al mundo artístico. Se deja el cabello largo -"antes de la guerra tenía una cantidad indecente de pelo en la cabeza. Tenía como para tres hombres juntos. Cuando llegó la posguerra, apenas me quedaba pelo para uno solo"-, con raya en medio, un bigotillo seductor y se fotografía con chalina y cigarrillo en la comisura de los labios. El mito que busca ser ya tiene imagen.

Viajó a Alemania, pasó por España y trabajó como copista en el Museo del Prado. De nuevo en Francia, descubre la Bretaña y es allí donde Lewis vive sus primeras experiencias con la escritura, The wild body (El cuerpo salvaje), un libro de cuentos de temática muy dura. En él Lewis reflejó su lado oscuro. "Soy artista -si es que eso es una credencial-. Soy novelista, pintor, escultor, filósofo, dibujante, crítico, político, periodista, ensayista, panfletista, todo en uno, como esos hombres del Renacimiento italiano", escribe en su autobiografía Estallidos y bombardeos (Impedimenta), una de las pocas obras traducida al español, junto con su novela Dobles fondos (Alfaguara, 2005).


Su primera novela, Tarr, se publica por entregas en 1918, en la revista literaria The Egoist, casi al mismo tiempo que Retrato del artista adolescente, de James Joyce, su colega de copas en París, uno de los que formaban parte de la "generación arrogante y orgullosa" de antes del estallido de la Gran Guerra que destrozó cuerpos y almas. Mujeriego, casi un depredador, sólo se casó una vez pero mantuvo relaciones con muchas mujeres. Una de ellas, Irish Barrie, con la que tuvo dos hijos. Directora del departamento de fotografía del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) durante veinte años, intentó echarle una mano cuando Lewis, durante la Segunda Guerra Mundial, viajó a Canadá huyendo de otra "orgía de sangre".

Siempre a la contra, Wyndham Lewis fue el azote de cuantos se cruzaron en su camino, ya fueran amigos o enemigos. Con los años cambió de aspecto y olvidada su buena cabellera ocultaba su cabeza, y casi su rostro, con un sombrero de ala ancha y se cubría con una larga capa negra que, a juzgar por las fotos de la época, le proporcionaba un aspecto como el personaje del anuncio del oporto Sandemans. "Él", afirma Fontán, "se hacía el estilismo como enemigo y como personaje".

Polemista y maldito, la obra de Lewis ha permanecido oculta durante años. En contadas ocasiones se han exhibido sus cuadros. En 1956, un año antes de su muerte, la Tate Britain le dedicó una antológica y unos aplausos que Lewis recibió medio ciego y en silla de ruedas. Otra en Canadá, dedicada a su estancia en aquel país, y una más en el Imperial War Museum de Londres. No ha habido una antológica de Lewis desde 1982, en Manchester.

En esta negación del artista han pesado durante años sus coqueteos con el nazismo y el antisemitismo. Wyndham Lewis publicó obras que anularon su trabajo como escritor. Traumatizado por sus años en la Primera Guerra Mundial, escribió, en marzo de 1931, un libro sobre Hitler en el que llamaba al dictador "hombre de paz". Poco importó que en 1939 se desdijera en The Hitler Cult, en el que desmenuzaba la crueldad del nazismo y lo criticaba con saña. Nunca le perdonaron aquel gran error impreso. No le sirvió de nada desdecirse y posiblemente por eso mantuvo hasta el final de su vida su pose de enemigo, de tipo duro, de raro.

"Contradícete. Para poder vivir, debes permanecer dividido", la cita del filósofo Nietzsche, Lewis la siguió a pies juntillas. Desagradable, tosco, huraño, y a la vez divertido y educado. Se cubrió con la coraza del humor negro porque la Primera Guerra Mundial dejó una llaga incurable en su cabeza. Le perdió su mal carácter, su misoginia -aunque en el manifiesto del vorticismo incluyera a tres mujeres artistas- y sus peleas a muerte con el grupo de Bloomsbury, capitaneado por la escritora Virginia Woolf y Clive Bell. Bloomsbury fue para Lewis el arte por el arte, ser como los "monos de Dios", aquellos que imitan a los que crean.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial quiso huir de "otra orgía de sangre". Viajó a Estados Unidos pero las cosas no le fueron bien y Lewis y su mujer recalaron en Canadá, viviendo en hoteles de mala muerte, hasta que, del último, salieron chamuscados: el hotel donde se alojaban ardió por los cuatro costados.



Yolanda Morató (Huelva, 1976), profesora de Filología en la Universidad de Sevilla, traductora de Estallidos y bombardeos, asesora de la exposición en la Fundación March y especialista en la obra del artista, asegura que "la estatura de un autor como Lewis ha quedado ensombrecida por distintas razones a lo largo de su vida, pero también después de ella, convirtiéndose en uno de los escritores menos reconocidos y más criticados de lo que conocemos como Modernismo anglosajón". Lewis se ganó a pulso la leyenda de "el Enemigo", y fue presa fácil para lo que Morató define como carniceros: "Un historiador que lea con las gafas de la ideología es como un cirujano en una carnicería". Provocador, fustigó el conformismo de la Inglaterra victoriana, de la masa. "Criticó la mediocridad de quienes se dejan guiar por otros sin cuestionarse nada. Su fascismo fue consecuencia de evitar una nueva guerra". El miedo a dejar hablar a las armas es el mismo, en opinión de Yolanda Morató, que el de un pacifista reconocido, como el filósofo Bertrand Russell.

La pelea de Morató, una lewisiana convencida, ha sido dura: "Durante los más de diez años que he dedicado a leer los más de cuarenta libros de Lewis, me he encontrado con verdaderos escollos para encontrar alguno de ellos. Los he perseguido en subastas, librerías de viejo y bibliotecas donde el registro revelaba que desde los años setenta nadie había pedido en préstamo ninguna de sus obras".

En 1945, Lewis regresó a Inglaterra. Una enfermedad venérea le estaba dejando ciego. Pero todavía era capaz de ver el futuro. Apostó por artistas como Henry Moore o Francis Bacon

... Fue un visionario y adelantó el papel de los medios de comunicación como la clave de la globalización. "La Tierra ha dejado de ser un romántico mosaico de lugares para convertirse en un único lugar".

El Lewis pintor captó con toda su crudeza lo que fue la primera confrontación mundial, una guerra de trincheras, batallas de insectos metidos en agujeros reptando por el suelo. Lewis pasó dos años tras una batería. Estuvo a punto de morir varias veces y vio cómo caían a su lado el filósofo inglés Thomas E. Hulme y el pintor Gaudier-Brzeska. Descubrió la guerra como arte, inspirada por el Dios del deporte y la sangre.

domingo, 2 de octubre de 2016

CULTURA DE CIENCIA FICCIÓN

Jose Valenzuela Ruiz
CCCBLAB, 28/07/2015

La ciencia ficción nos permite emocionarnos con historias extraordinarias a la vez que aprendemos ciencia de forma amena. Obras como Blade Runner, Fundación, Interstellar o Solaris han empujado a muchas personas a salir del universo narrado para seguir investigando por su cuenta sobre ámbitos tan dispares como la física, la robótica o la neurociencia. Si las instituciones culturales son capaces de adaptarse para responder a esas necesidades y complementan ese aprendizaje a través de distintos formatos narrativos seremos capaces de conseguir una educación sin barreras que se extenderá desde el sillón de casa hasta los museos o las bibliotecas.

Anuncio de “Robert the Robot” de la Ideal Toy Corporation. Fuente: Flickr

Mi yaya preguntándome sobre agujeros negros. Quién me hubiera dicho antes de la aparición de Interstellar que presenciaría tal escena costumbrista. Porque si el estreno de la película fue un verdadero fenómeno cinematográfico de la ciencia ficción que muchos sitúan al nivel de 2001, Odisea en el espacio, no se quedan atrás los numerosos debates que ha propiciado sobre viajes en el tiempo o los dichosos agujeros negros. Solo por conseguir acercar expertos en física teórica o astronomía al resto de los mortales ya tendríamos que crear (y otorgarle automáticamente) el Oscar a la Película de mayor interés divulgativo. Vean si no los diálogos que han tenido lugar sobre el grado de rigor de la película, los visionados en museos como el National Air and Space Museum o el libro que ha publicado el asesor científico de Nolan en la película, Kip Thorne. Y a Neil deGrasse Tyson, claro. Siempre Neil.

El caso de mi abuela es solo un ejemplo de la cualidad que tienen estas obras para hacer atractiva la ciencia. Ya es hora de borrar de nuestras cabezas la idea de que la ciencia ficción es un género menor hecho por gente rarita para gente rarita. Sea por el respeto que se está ganando la ciencia en los últimos años o por la normalización de este tipo de relatos, lo cierto es que cada vez más gente disfruta de la ciencia ficción. En una época de sobreexposición de ficciones en todos los ámbitos de nuestra vida ―los libros, la televisión, el cine, la escena política―, nuestras mentes parecen estar cada vez más dispuestas a convivir con todas ellas y como si de combustible se tratara piden más y más. Ponernos en la piel de personas ―o seres, no hiramos sensibilidades extraterrestres― que viven a miles de kilómetros de distancia de nuestro planeta o tal vez hace (o dentro de) miles de años de nuestra época son situaciones que nunca podríamos vivir en nuestro día a día. ¿Quién no desearía disfrutar de semejantes aventuras sin correr riesgo alguno?

 Porque la ciencia ficción no deja de ser un tipo concreto de ficción, y las ficciones nos permiten justo eso: vivir las vidas de los personajes mientras dura la película, el libro, el cómic o la serie. Este efecto de traslado mental ―que poco a poco se va conociendo mejor gracias a estudios interdisciplinares que unen neurociencia y teoría de la ficción― está demostrando ser mucho más útil que el simple placer de sentarnos a disfrutar de nuestra obra favorita. Si en un simulador de vuelo aprendemos a llevar un avión sin tener que subir a uno real ―y por lo tanto, sin peligro―, podemos entender las ficciones como simuladores de otras vidas mediante las que aprendemos a desenvolvernos en sociedad (sí, han leído bien, leer acaba siendo una actividad social) sin correr los riesgos propios de estos entornos fantásticos.

Fotograma de The Day The Earth Stood Still. Fuente: Flickr

Pero es que, además de ese aprendizaje social, las ficciones siempre llevan consigo enseñanzas asociadas al universo que crean. Pregunten a un lector de Dickens si no es capaz de hablarles con cierto grado de conocimiento sobre la sociedad victoriana o a un seguidor de Tolstoi si no conoce algunas de las costumbres de la burguesía rusa durante sus copiosos banquetes. Las ficciones son en sí pequeñas clases de historia (o ingeniería, o botánica, o…) y además se presentan en formatos habitualmente más amenos que cualquier lección magistral. Así da gusto educarse.

También hay grandes riesgos en aprender a través de las ficciones, no nos engañemos. Estrenaron la película Lucy y el bulo de que solo utilizamos el 10% de nuestro cerebro renació cual ave fénix para quedar impreso en las mentes de muchísimos espectadores que ante semejante afirmación por parte del personaje interpretado por Morgan Freeman consideraron que oye, que lo ha dicho un actor que hace de científico y por lo tanto tiene que ser cierto. Será necesario formar un buen criterio en nuestros lectores y espectadores para identificar todas estas falacias, lo que es todo un reto para familias, escuelas, institutos y demás instituciones culturales.

Siguiendo la idea participativa de que el lector vive la historia que lee, ya existen propuestas que hacen más llevadera la historia a través de sistemas de realidad virtual o aumentada,permitiendo a los alumnos olvidar (por fin) las tediosas clases repletas de fechas y lugares que una vez realizado el examen son incapaces de recordar. Tal vez las tecnologías necesarias para este cambio de paradigma cultural aún estén acabando de desarrollarse, pero nuestras mentes esperan con impaciencia desde hace mucho tiempo. Muestra de ello son las innumerables carreras científicas que han nacido gracias a Isaac Asimov, Arthur C. Clarke o Philip K. Dick, aunque tampoco es necesario irse a los laboratorios para encontrar a seguidores acérrimos de la ciencia ficción. Hace pocos meses leía en Twitter con sumo interés airadas discusiones sobre los viajes temporales de la serie española El Ministerio del Tiempo. Y cómo son las cosas, personajes históricos como Velázquez o Lope de Vega se convirtieron en trending topic por aparecer en alguno de sus capítulos.


Ilustración de ‘Veinte mil leguas de viaje submarino‘ de Jules Verne. Fuente: Wikipedia

Es realmente estimulante pensar en las posibilidades de una narrativa transmedia que se extienda desde un libro o una película hasta los cómics o los videojuegos y que acabe en distintas instituciones culturales que den solución al hambre de conocimiento de jóvenes y adultos. Antes comentábamos el caso de Interstellar, pero hay propuestas mucho más cercanas al ámbito científico. Sin ir más lejos, la revista Twelve Tomorrows es una publicación de la MIT Technology Review en forma de antología donde distintos escritores de ciencia ficción escriben relatos partiendo de las tecnologías y los avances científicos que se han ido publicando en la revista durante el año. Imaginen el potencial divulgativo de este tipo de propuestas. Jóvenes (y no tan jóvenes) impulsados en su interés científico gracias a que han leído un relato o visto una película. Comprando el cómic que extiende parte del argumento para explicarnos cómo se construyó la nave espacial o el arma que salvará al mundo. Y acabando en un museo donde, gracias a la realidad aumentada, son capaces de tener delante al protagonista de la historia explicándoles los conceptos de física que permitieron a su nave viajar a miles de kilómetros de distancia de nuestro planeta. Súmenle realidades virtuales inmersivas que nos permitan movernos a discreción por otras épocas y lugares, y aderécenlo con películas interactivas que nos hagan ser protagonistas de misiones espaciales y viajes al interior del átomo. Lo tenemos a la vuelta de la esquina, así que vayan preparándose. Que no les suene luego a ciencia ficción.

jueves, 1 de septiembre de 2016

CARCOMA Y PRESENCIA DEL CAPITALISMO por Winett De Rokha

[Biografía de Winett De Rokha aquí]


Frío, plano, de exactas dimensiones,
el siglo XX cabe en una cancha de tennis.

En mesitas de café-concierto,
entre pajillas, whisky-sowers y cigarrillos egipcios,
la mujer contemporánea 
borda corpiños de seda negra.

En el paddock,
al compás de la música loca de un jazz-band,
las mujeres y los caballos se pasean.

Del brazo de Pablo de Rokha,
intervengo en el ritornello
mundial de las muchedumbres.

Ilustrando mis poemas
con perspectivas de paperchase,
con sweaters cuadriculados de sportman,
y humaredas de inquietantes locomotoras,
soy la Eva clásica del porvenir.

Astral y sensitiva, horado
en aviones románticos,
el azul de las golondrinas perdidas.


Lienzo de Olga Rozanova

lunes, 18 de enero de 2016

ATARDECER EN NEW YORK por Eugenio Montes

[Biografía de Eugenio Montes aquí]

A Vicente Risco

El crepúsculo barnizado de whisky
es ahogado por olas blancas.
Los rascacielos, arrodillados, elevan
plegarias a las nubes.
El sol está detenido en un vaso
en la mesa de la terraza de un bar.
Las nubes arrojaron del dedo los anillos.
Ventiladores nómadas.
La multitud es una llama que el viento riza,
presa en el túnel de la avenida.
Los automóviles nadan a impulsos cortos.
Distendidos los brazos y en el pecho un fatigoso jadear.
Treinta gamas de grises cayeron de una paleta,
quemaron las alas y regaron los objetos.
Enmudecieron las cigarras que solfean en los trolley.
Cajas musicales.
Las trompas equivocadas dicen:
DO RE FA.
Se nota la ausencia de la batuta del director de orquesta.
Un pintor va dando pinceladas amarillas en los gasómetros.
¿Dónde está la concha del apuntador?
DOREFA
Tocan sólo los instrumentos de metal.
Los violines esperan tres compases.
Ante la indiferencia de los espectadores, las trompas epilépticas insisten:
DO RE FA.


Subway por Fortunato

jueves, 7 de enero de 2016

MANIFIESTO ANTROPÓFAGO por Oswald de Andrade

[(José Oswald de Souza Andrade; São Paulo, 1890-1954) Escritor y periodista brasileño. Trabajó como periodista desde muy joven, realizó numerosos viajes a Europa, y pronto formó parte de la bohemia literaria; sólo tardíamente completó sus estudios de derecho. En 1911 fundó una revista semanal de carácter combativo y humorista que apareció bajo el título de O Pirralho, y con ella logró convertirse en uno de los periodistas y polemistas más brillantes de la época.

Siguió realizando con asiduidad viajes a Europa, lo cual le permitió conocer a los principales intelectuales y artistas del momento, entre ellos a Isadora Duncan, Pablo Picasso, Jean Cocteau, Brancusi, Jules Romains y Tarsila do Amaral. En 1922 publicó Los condenados (Os condenados), que fue la primera novela de la serie Trilogia do exilio (Trilogía del exilio), que completaría con Estrela de Absinto (1927) y finalizaría en 1934 con A Escala Vermelha. En 1924 publicó Memórias Sentimentais de Joao Mirama, la primera gran experiencia de prosa modernista en la literatura brasileña.

En 1925 apareció en París Palo Brasil (Pau-Brasil), libro de poesía en el que Oswald de Andrade ofrecía una interpretación lírica y a la vez humorística de su país. Tres años después fundó la Revista de Antropofagia, en torno a la cual surgió un movimiento radical del modernismo que preconizaba un proceso de asimilación "antropofágica" de la cultura extranjera universal, para asimilarla con características autóctonas.

Con posterioridad a la revolución que tuvo lugar en el año 1930, radicalizó sus posturas políticas hacia una militancia de izquierdas, y participó en la lucha obrera y antifascista como redactor del periódico O Homem Livre (El hombre libre). En 1933 publicó Serafim Ponte Grande, claro testimonio de esta fase creativa e ideológica del autor, y en 1943 y 1946, publicó dos volúmenes de la serie inacabada Marco Zero, en los que analiza la sociedad burguesa de Sao Paulo. Cabe destacar también su obra Punto de partida.

Un nacionalismo que busca sus orígenes sin perder la visión crítica de la realidad brasileña, la parodia, la valorización del habla cotidiana, la búsqueda de la lengua brasileña y la crítica a la sociedad burguesa capitalista son los rasgos que encuadran su obra dentro del modernismo brasileño. Un ejemplo es su primer libro de poesías Pau-Brasil (1925), manifiesto en el que rechaza la herencia portuguesa y clama por un retorno a la primitiva espontaneidad expresiva de los indígenas brasileños. Sus novelas quiebran las estructuras tradicionales. Así, Memorias sentimentales de João Miramar (1924), influida por el lenguaje cinematográfico, presenta en una mezcla de prosa y poesía fragmentos de la vida de Miramar, con ironía y humor.

(Tomado prestado de Biografías y Vidas)]

A lua de Tarsila do Amaral


Sólo la Antropofagia nos une. Socialmente. Económicamente. Filosóficamente.

Única ley del mundo. Expresión enmascarada de todos los individualismos, de todos los colectivismos. De todas las religiones. De todos los tratados de paz.

Tupi, or not tupi, that is the question.

Contra todas las catequesis. Y contra la madre de los Gracos.

Sólo me interesa lo que no es mío. Ley del hombre. Ley del antropófago.

Estamos cansados de todos los maridos católicos sospechosos en situación dramática. Freud puso fin al enigma mujer y a otros temores de la sicología impresa.

Lo que obstaculizaba la verdad era la ropa, el impermeable entre el mundo interior y el mundo exterior. La reacción en contra del hombre vestido. El cine americano informará.

Hijos del sol, madre de los vivientes. Encontrados y amados ferozmente, con toda la hipocresía de la nostalgia, por los inmigrados, por los traficados y por los turistas. En el país de la gran serpiente.

Fue porque nunca tuvimos gramáticas, ni colecciones de viejos vegetales. Y nunca supimos lo que era urbano, suburbano, fronterizo y continental.

Perezosos en el mapamundi del Brasil.

Una conciencia participante, una rítmica religiosa.

Contra todos los importadores de conciencia enlatada. La existencia palpable de la vida. Y la mentalidad prelógica para que la estudie el señor Lévy-Bruhl.

Queremos la Revolución Caraiba. Más grande que la Revolución Francesa. La unificación de todas las revueltas eficaces en la dirección del hombre. Sin nosotros Europa no tendría siquiera su pobre declaración de los derechos del hombre.

La edad de oro anunciada por la América. La edad de oro. Y todas las girls.

Filiación. El contacto con el Brasil Caraiba. Ori Villegaignon print terre.

Montaigne. El hombre natural. Rousseau. De la Revolución Francesa al Romanticismo, a la Revolución Bolchevique, a la Revolución Surrealista y al bárbaro tecnificado de Keyserling. 

Caminamos…

Nunca fuimos catequizados. Vivimos a través de un derecho sonámbulo.

Hicimos nacer a Cristo en Bahía. O en Belén del Pará.

Pero nunca admitimos el nacimiento de la lógica entre nosotros.

Contra el Padre Vieira. Autor de nuestro primer préstamo, para ganar su comisión.

El rey analfabeto le había dicho: ponga eso en el papel pero sin mucha labia. El préstamo se hizo. Se gravó el azúcar brasilero. Vieira dejó el dinero en Portugal y nos trajo la labia.

El espíritu se rehúsa a concebir el espíritu sin el cuerpo. El antropomorfismo.

Necesidad de la vacuna antropófaga. Para el equilibrio contra las religiones del meridiano. Y las inquisiciones exteriores.

Sólo podemos atender al mundo orecular.

Teníamos la justicia codificación de la venganza. La ciencia codificación de la Magia. 

Antropofagia. La transformación permanente del Tabú en tótem.

Contra el mundo reversible y las ideas objetivadas. Cadaverizadas. El stop del pensamiento que es dinámico. El individuo víctima del sistema. Fuente de las injusticias clásicas. De las injusticias románticas. Y el olvido de las conquistas interiores.

Rutas. Rutas. Rutas. Rutas. Rutas. Rutas. Rutas.

El instinto Caraiba.

Muerte y vida de las hipótesis. De la ecuación yo parte del Cosmos al axioma Cosmos parte del yo. Subsistencia. Conocimiento. Antropofagia.

Contra de las élites vegetales. En comunicación con el suelo.

Nunca fuimos catequizados. Lo que hicimos fue Carnaval. El indio vestido como senador del Imperio. Fingiendo ser Pitt. O apareciendo en las óperas de Alencar lleno de buenos sentimientos portugueses.

Ya teníamos el comunismo. Ya teníamos la lengua surrealista. La edad de oro.

Catiti Catiti Imara Natiá Notiá Imara Ipejú

La magia y la vida. Teníamos la relación y la distribución de los bienes físicos, de los bienes morales, de los bienes merecidos. Y sabíamos transponer el misterio y la muerte con la ayuda de algunas formas gramaticales. 

Pregunté a un hombre lo que era el Derecho. Él me respondió que era la garantía del ejercicio de la posibilidad. Ese hombre se llamaba Galli Mathias.

Lo devoré.

Sólo no hay determinismo donde hay misterio. ¿Pero qué nos importa eso?

Contra las historias del hombre que empiezan en el Cabo Finisterra. El mundo no datado. No rubricado. Sin Napoleón. Sin César.

La fijación del progreso por medio de catálogos y televisores. Sólo la maquinaria. Y los transfusores de sangre.

Contra la sublimaciones antagónicas. Traídas en las carabelas.

Contra la verdad de los pueblos misioneros, definida por la sagacidad de un antropófago, el Visconde de Cairú: - Es mentira muchas veces repetida.

Pero no fueron cruzados los que vinieron. Fueron fugitivos de una civilización que estamos devorando, porque somos fuertes y vengativos como el Jabutí.

Si Dios es la conciencia del Universo Increado, Guarací es la madre de los vivientes. Jací es la madre de los vegetales.

No tuvimos especulación. Pero teníamos la adivinación. Teníamos Política que es la ciencia de la distribución. Y un sistema social planetario.

Las migraciones. La fuga de los estados tediosos. Contra las esclerosis urbanas. Contra los Conservatorios y el tedio especulativo.

De William James a Voronoff. La transfiguración del Tabú en tótem.

Antropofagia.

El pater familias y la creación de la Moral de la Cigüeña: Ignorancia real de las cosas + habla de imaginación + sentimiento de autoridad ante la prole curiosa.

Es necesario partir de un profundo ateísmo para llegar a la idea de Dios. Pero la caraiba no lo necesitaba. Por que tenía a Guarací.

El objetivo creado reacciona con los Ángeles de la Caída. Después Moisés
divaga. ¿Pero qué nos importa eso?

Antes de que los portugueses descubrieran al Brasil, Brasil había descubierto la felicidad.

Contra el indio de antorcha. El indio hijo de María, ahijado de Catalina de Médicis y yerno de D. Antonio de Mariz.

La alegría es la prueba del nueve. 

En el matriarcado de Pindorama.

Contra la Memoria fuente de la costumbre. La experiencia personal renovada.

Somos concretistas. Las ideas se apoderan, reaccionan, queman gentes en las plazas públicas. Suprimamos las ideas y las otras parálisis. Por las rutas. Creer en las señales, creer en los instrumentos y en las estrellas.

Contra Goethe, la madre de los Gracos, y la Corte de D. Juan VI.

La alegría es la prueba del nueve.

La lucha entre lo que se llamaría Increado y la Criatura – ilustrada por la contradicción permanente entre el hombre y su Tabú. El amor cotidiano y el modus vivendi capitalista. Antropofagia. Absorción del enemigo sacro. Para transformarlo en tótem. La humana aventura. La terrenal finalidad. Pero, sólo la puras élites consiguieron realizar la antropofagia carnal, que trae en sí el más alto sentido de la vida y evita todos los males identificados por Freud, males catequistas. Lo que sucede no es una sublimación del instinto sexual. Es la escala termométrica del instinto antropófago. De carnal, él se vuelve electivo y
crea la amistad. Afectivo, el amor. Especulativo, la ciencia. Se desvía y se transfiere. 

Llegamos al envilecimiento. La baja antropofagia aglomerada en los pecados del catecismo – la envidia, la usura, la calumnia, el asesinato. Plaga de los llamados pueblos cultos y cristianizados, es en contra de ella que estamos actuando. Antropófagos.

Contra Anchieta cantando las once mil vírgenes del cielo, en la tierra de

Iracema, - el patriarca João Ramalho fundador de São Paulo.

Nuestra independencia aún no ha sido proclamada. Frase típica de D. Juan VI: - Hijo mío ¡pon esa corona en tu cabeza, antes que algún aventurero lo haga!

Expulsamos la dinastía. Es necesario expulsar el espíritu de Bragança, las ordenaciones y el rapé de María de la Fuente.


Contra la realidad social, vestida y opresora, catastrada por Freud – la realidad sin complejos, sin locura, sin prostituciones y sin las prisiones del matriarcado
de Pindorama. 

lunes, 28 de septiembre de 2015

BLAISE CENDRARS, ROMPIENDO RELOJES A MARTILLAZOS

Ánxel Grove
20 Minutos, 25/04/2011

Cendrars pintado por Modigliani


Henry Miller afirmaba que para escribir “hay que estar poseído y obsesionado”.

Blaise Cendrars (1887-1961) -a quien Miller idolatraba- cumplía ambos requisitos.

Vivió cada mañana como si fuese la primera y cada noche como si fuese la última. Se dio de baja en todo para ejercer la vida.

Renunció a la educación por castrante. Renunció a su tierra natal, Suiza, por somnífera. Renunció a su clase social, la burguesía (si es suiza, insufrible), para largarse a Rusia a los 17 años y trabajar como aprendiz de relojero. Sólo se llevó unos paquetes de cigarrillos.

En el oscuro taller de San Petersburgo donde se maneja con las miniaturas que pretenden en vano simplificar el tiempo a través de la mecánica comprendio que el único destino de los relojes es el martillo.

En Rusia es testigo del domingo negro del 9 de enero de 1905: los cosacos del zar atacan espada a mano a los 20.000 hambrientos, sobre todo campesinos, que se manifiestan ante la residencia de verano del tirano. Mil muertos.

El relojero suizo cultiva la amistad de anarquistas y bolcheviques. Algunos de sus colegas son condenados a muerte.

Empieza a escribir y publicar.

“No mojaré la pluma en un tintero, sino en la vida”, afirma una mañana. No faltó a su palabra.

En 1913, establecido en el  trepidante París de la primera década del XX, amigo de los radicales del arte (Chagall, Léger, Modigliani), publica este poema:

Disonancias del arco iris en la telegrafía inalámbrica de la Torre 
Mediodía
Medianoche
En todos los rincones del universo se murmura: “Merde” 
Rayos
Cromo amarillo
Nos hemos contactado
Los transatlánticos se acercan desde todas las direcciones
Desaparecen
Todos están en movimiento
Y los relojes marchan
Paris-Midi informa que un profesor alemán fue devorado por los caníbales en el Congo
Bien hecho

Tiene agujas en los zapatos y se le clavan en la planta de los pies. No puede evitar el movimiento.

Habla seis idiomas. Intenta estudiar medicina en Berna para indagar en la verdad definitiva del desorden nervioso. Entiende que no son biológicos nuestros fantasmas y se matricula en Filosofía. Lo deja por el amor de su vida, la polaca Féla Poznanska. Regresa a San Petesburgo, viaja a Nueva York, vuelve a París en un barco en el que deportan a delincuentes y trabajadores del sexo. Se mezcla con ellos.

Renuncia a su filiación registral (Frédéric Louis Sauser) para incinerar el pasado. Elige nombre: Blaise Cendrars. En francés la palabra cendres significa cenizas. Un arte (ars) calcinado.

“Lo he derribado todo. He dejado atrás mi vida anterior, todo lo que sé, todo lo que ignoro, mis ideas, mis creencias, mis vulgaridades, mis demencias, mis estupideces, la vida y la muerte”, escribe.

Apollinare le saluda como el mejor poeta del momento.

Escribe 19 poemas elásticos y prepara la que será su mejor novela, Moravagine. Vive con Féla en una granja. En  abril de 1914 nace su hijo Odilon, en honor al príncipe de los sueños Odilon Redon.

Sin que nadie en su círculo entienda por qué, se alista en la Legión Extranjera para combatir en la I Guerra Mundial. “Odio a los alemanes”, se justifica con parquedad.

En febrero de 1915, en un combate sangriento, la metralla le arranca el brazo derecho. Describe las consecuencias, años más tarde, en la novela La mano cortada: “Me he comprometido y como muchas veces en mi vida, estaba listo para ir hasta el fondo de mis actos. Pero no sabía que la Legión me haría beber de ese cáliz hasta los excrementos para conquistar mi libertad como hombre. Ser. Ser un hombre. Y descubrir la soledad“.

El manco viaja a Brasil, a Hollywood, edita reportajes catárticos y vivenciales que predicen el nuevo periodismo; recopila literatura africana de tradición oral; escribe dos de las novelas más peculiares del siglo XX, Moravagine (1926) y El Hombre fulminado (1945)…

Varios adjetivos cuadran con la obra de Cendrars, lo cual implica que también se ajustan a su devenir sobre el mundo. Acaso el más justo sea vertiginoso.

Me entristece que en castellano sean tan escasas las posibilidades de encontrar sus libros (bellamente editados en el pasado, pero inencontrables entre tanta miseria en las librerías de hoy).

Por esa dejadez editorial tengo el atrevimiento de incluir a Cendrars -de cuya muerte se cumplieron cincuenta años en enero- en la sección Top Secret, admitiendo que su figura es demasiado grande para la consideración de autor de culto.

“La eternidad no es más que un breve instante en el espacio y el infinito lo atrapa a uno por los cabellos y lo fulmina en el acto. El tiempo no cuenta”, escribió.

Siempre con el martillo a mano para romper relojes.

martes, 16 de junio de 2015

INTERCAMBIADOR


Por el andén se propaga el furor de las masas
que se desplazan
                                 con compás de mecanismo de relojería
TODAS LAS TRAYECTORIAS
             convergen
             en un nudo de comunicaciones
                                                                        SUBURBANO
Un expreso se contorsiona
Como un acordeón a la entrada de un túnel
Las catenarias 
                            despliegan todos sus 
                                                                   FUEGOS DE ARTIFICIO
                                        Bajo el cableado del cielo
Los relojes tantean
                                     la puntualidad de los convoyes
El potro del ALTO VOLTAJE
                                                     campa entre los cambios de aguja
                            y las vías se convulsionan



6:37
PRÓXIMA LLEGADA de la aurora electrificada
                      ¡ .  .  .  NNNHÑN__NNNHÑN__NNNHÑN__NNHÑN>. . .  ¡
El aire enrarecido 
                                 se tensa hasta el límite del 
                                                                                    CAMPO VISUAL
El TRANSBORDO se realiza en una fracción de segundo
Un viajero se extravía en mitad de la ventisca
                                           de  tuercas y hojas de periódicos
                                                                                                        ATENCIÓN
                                                                                Paso a nivel
Un paisaje metalizado ruge
                                                   en las venas blindadas de la urbe
                                           que            se         e  x  t  i  e  n  d  e  
                               como una mancha de aceite
                                                                                     por la vía FÉRREA
que separa a la MÁQUINA del hombre



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