lunes, 27 de febrero de 2012

PARARRAYO por Pedro Raida

[Poeta y narrador español, nacido en Sevilla en 1890, y fallecido en fecha y lugar desconocidos. Fue hermano de otro escritor, Bernardo Raida, de cuya obra sólo han quedado un par de artículos publicados en la revista sevillana Grecia.

Tampoco se recuerdan muchos datos acerca de la circunstancia biográfica de Pedro Raida, aunque, a diferencia de lo ocurrido con la producción creativa de su hermano, han llegado hasta nuestros días casi todas las obras literarias y periodísticas que dio a la imprenta. Entre los escasos detalles conocidos acerca de su vida, tal vez el más destacable sea el que le sitúa al frente de la administración de la mencionada revista Grecia alrededor de 1920, en los tiempos en que mayor auge alcanzó en la capital andaluza la implantación de una de las corrientes vanguardista que por aquel entonces triunfaban en Europa: el ultraísmo. En efecto, Pedro Raida formó parte del célebre grupo Ultra, en el que se congregaron algunos autores de la talla de Rafael Cansinos-Assens, Adriano del Valle, Pedro Garfias, Rogelio Buendía, Pedro Luis de Gálvez y Rafael Lasso de la Vega, y junto a ellos asumió la arriesgada misión de introducir las nuevas estéticas vanguardista en la anquilosada poesía española de los primeros años del siglo XX, todavía excesivamente deudora de un romanticismo trasnochado y un modernismo amanerado y tardío.

Además de esta labor histórica en la evolución de la literatura española contemporánea, Pedro Raida dejó varios artículos impresos en los medios de comunicación de su entorno geo-cultural, como el rotativo El Liberal (donde publicó un fragmento de su obra poética Justicia) y la revista Gaceta del Sur (donde vieron la luz sus composiciones en verso tituladas "Y otra vez...", "Redención", "Silencio", "La Feria de Sevilla" y "Edelmira Blanco"). Pero donde realmente dejó las mejores y más abundantes muestras de su concepción teórica sobre la poesía y de su propio quehacer lírico fue en la citada revista Grecia, auténtico cauce de expresión (junto con la revista Gran Gvignol) del grupo Ultra sevillano. Allí, junto a algunas prosas poéticas de acusada influencia modernista (como "Roxana" y "Las llamas en danza", donde pueden leerse fragmentos del siguiente tenor: "Hay una zambra de colores en la noche lucípara, y de ortos púdicos en la gruta habitada de flores parlantes"), aparecieron multitud de caligramas, juegos poéticos tipográficos y, en general, coloridas variantes de la escritura ultraísta de Pedro Raida. Entre estos poemas, conviene recordar los titulados "Confesión", "Los jardines de Santa Cruz", "La ciudad flotante", "A Rafael Cansinos-Assens", "Saudade viril", "Donaire", "Azul", "Fuerza bruta", "En el parlamento de las horas", "Rosas", "Esclavitud", "En las noches...", "Oh, mis tiempos de falda corta y automóvil", "A Emelina", "A ti, por ti, para ti", "¡Antonia!", "El futuro nido", "Mercedes", "¿Por qué?", "Pensamiento azul" y "Pararrayos". De este último poema proceden los versos siguientes, plasmación manifiesta de los más rigurosos postulados ultraístas: "Las estrellas desquician sus nervios, / temblores y crepitaciones cósmicas. // Mi rubia loca / estrangula sus perfumes. / Mi rubia loca / no la baña el sol / ni el vino de marfil. // Paroxismo de ametralladoras / en trincheras de plomo. / El cielo acamado / con dolores de infierno [...]".

Entre 1924 y 1927, ya clausurada la brillante andadura cultural de Grecia, Pedro Raida se hizo cargo de la Secretaría y la Administración de otra publicación literaria, la revista Oromana, de la localidad sevillana de Alcalá de Guadaira.

Entre sus obras impresas en forma de libro, conviene recordar los poemarios Regeneración (Sevilla, 1909) y Mercedes (Sevilla, 1920), este último impregnado de esa atrevida estética ultraísta que Pedro Raida anticipó en las páginas de Grecia. Además, el escritor hispalense dio a la imprenta también una narración breve, titulada Novio en Sevilla, que él mismo definió como "cuento representable". Con la llegada de la madurez se fue volcando hacia el cultivo de la narrativa extensa, género en el que dejó dos novelas dignas de recuerdo: Un belmontista y Amor y tiempo de poetas en guerra total (1955).

FUENTE: texto extraído de www.mcnbiografias.com ]




Las estrellas desquician sus nervios, 
temblores y precipitaciones cósmicas.

Mi rubia loca,
estrangula sus perfumes.
Mi rubia loca,
no baña el sol ni el vino de marfil.

Paroxismo de ametralladoras
en trincheras de plomo.
El cielo acamado
con dolores de infierno.

Mi rubia loca
espasma sus ojos,
en los ojos de un blanco chalet
dormido sobre verdes y rosales.

Horrísono ensañamiento de morteros.

Guerrero fragoroso
desacierta el arco;
se trunca sobra la tierra
la flecha de rojas guarniciones
y filos destructores.

Mi rubia loca
viste la muerte.

El centinela de tres puntas
retuerce el cuello
de la serpiente de fuego.

¡Choque sublime
de la energía omnipotente!

El centinela de tres puntas
abre nueva fosa
en el cementerio de los triunfos.

Mi rubia loca
se incauta de la vida.

El centinela de tres puntas
se duerme calando cien mil bayonetas.

miércoles, 8 de febrero de 2012

MECÁNICA por Juan Marín

[Biografía de Juan Marín aquí]

Oh poema de acero que abrazas el mundo nuevo
grito de los bronquios de la usina
tus rimas son los ejes biselados
fulgarantes de voluntad dinámica
como biceps de gigantes caídos
desde un planeta Marte humanizado
a golpes de siglos

fierros luces poleas
leit-motiv de las ondas hertzianas
canto de las dinamos delirantes
las chispas son los besos pasionales
el moscardón azul de aquellas hélices
picotea los muros blancos
sierras tornos platinos
que eliminan esperanzas
dulce canción de los dientes
hienden los blancos metales
himno de la mecánica de ojos grises
fragancia de humos y carburantes
puertos angulares y ciudades geométricas
plástica libre de una estética
línea armónica de los puentes de acero
fermentación metálica de las materias primas
virutas enrolladas válvulas
usina cúbica
duermen los hombres en tu seno
arrullados
por tus ritornelos de duraluminio
trituradora de romanticismo
madre de los sueños nuevos
tu aliento de benzol y gasolina
estremece las bielas
de los nuevos corazones del inniido
oh diosa recién nacida
convulsiones de jazz-band de hierro
despertaron las calles de América
y ventilanla Europa decadente
nuevo sentido del Universo
nuestro
poemas de acero
canción mecánica
esperas un instrumento y una lengna
que exprese tu alma henchida
de alaridos inmensos
esperas al poeta titán.
super-producto de una época
que recoja en su verso magnifico
glúglú de submarinos y zuinbidos de aviones
rechinar de calderas
sutil vibración de dinamómetros
caricias radiotelegráficas
nadie ha escrito el mas divino verso
aquel que gira en la correa de una dinamo
el que teclea en un motor
el que como un monstruo eléctrico
en las noches silentes
corre su escalofrio lírico
por los alambres impertérritos
mecánica canción y sistema
filosofía oculta de una incógnita alquimia
ha de surgir el HOMBRE
que te muestre desnuda
que viole tus secretos
vuelque tu corazón en tus retortas
lo queme en tus hornazas
y escriba
la nueva lirica
la de las líneas rectas
la de los fuselajes
de las altas antenas
y de las ruedas infinitamente veloces
que te empujan
que te arrastran
suelta en el viento tu melena eléctrica
por los invisibles planos cósmicos


Óleo de Windham Lewis

viernes, 27 de enero de 2012

ATARDECER por Ernestina de Champourcin

[Poeta española nacida en Vitoria, Alava, en 1905. Su infancia transcurrió en Madrid donde además de cursar sus estudios se inició en la poesía y contrajo matrimonio con Juan José Domenchina, poeta también y secretario durante la guerra del presidente Manuel Azaña. Fue discípula de Juan Ramón Jiménez y estuvo unida por estilo y amistad a los poetas de la Generación del 27. De su obra hacen parte: «En silencio» 1926, «Ahora» 1928, «La voz en el tiempo» 1931 y «Cántico inútil» 1936. En 1939 partió a México donde publicó posteriormente, «Poemas del ser y del estar» 1972, «Huyeron todas las islas» 1988, y tras algunas antologías, un libro al filo de sus 90 años, «Del vacío y sus dones» en 1993 y «Presencia del Pasado» en 1996. Sólo a partir de 1989 se inició el reconocimiento de su obra, con galardones tan importantes como el premio Euskadi de Poesía,  el Premio Mujer Progresista y la nominación al Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1992, y la Medalla al Mérito Artístico del Ayuntamiento de Madrid en 1997.Murió en Madrid en marzo de 1999.

(Tomado prestado de A media voz)]



Barrio silencioso, encharcado y triste;
Un vejete sucio
fuma la colilla de la tarde gris
en su pipa rota.
Niñas mariposas vuelan en citroen al baile del Ritz.

Sumerge un fanal su marcha de aceite
en el turbio espejo de los aguazules.
Juegan dos parejas
a quererse siempre
dibujando besos que se lleva el aire.

El vejete logra rellenar su pipa
con el vellón suave
que teje la niebla...
Los autos persiguen, borrachos de prisa
un jazz que devora su propia estridencia.



Lienzo de Lyubov Popova

viernes, 20 de enero de 2012

LA SEÑORITA ETCÉTERA (fragmento) por Arqueles Vela

[Arqueles Vela, el gran prosista del estridentismo mexicano, nació en 1899, según algunos en Tapachula, Chiapas y según otros en Guatemala. Lo cierto es que asistió a la escuela primaria en Guatemala. Fue maestro y periodista en los diarios mexicanos El liberal y en El Universal Ilustrado. Su primera publicación fue un libro de poemas titulado El sendero gris y otros poemas inútiles aunque quizá se le conozca más por relatos cortos como La Señorita Etcétera o El café de nadie, este último inspirado en las reuniones con otros estridetistas como Maples Arce o List Arzubide en el Café Europa de la capital de México. Murió en el D.F. en 1977. 

Como sus obras son muy difíciles de conseguir, al menos en España, se me ha ocurido subir un documento pdf con algunos de sus relatos aquí.]




Desnudo bajando una escalera por Marcel Duchamp


Ya tenía mucho tiempo de vivir en la ciudad y no conocía nada de la ciudad. Apenas si conocía algo del cuarto que ocupaba en el hotel.

Al principio tuve intención de pagar, en una casa de huéspedes mediocre, un mes de vida... Las súbitas impresiones me llenaron de penumbra el cerebro y no pude hacerlo. Tomé un cuarto en el hotel más lujoso de la ciudad. Un cuarto que jamás utilicé, porque pasaba los días y las noches en lugares inusitados.

No me sentí vivir en el hotel sino cuando ella penetró, con sus pasos medidos, en el ascensor.

Subíamos lentamente y tan irreales como ese humo que enferma la garganta de las chimeneas...

La vida casi mecánica de las ciudades modernas me iba transformando. Mi voluntad ductilizada giraba en cualquier sentido. Me acostumbraba a no tener las facultades de caminar conscientemente. Encerrado en un coche me paseaba sonambúlico por las calles.

Yo era un reflector de revés que prolongaba las visiones exteriores luminosamente hacia las concavidades desconocidas de mi sensibilidad. Las ideas se explayaban convergentes hacia todas las cosas. Me volvía mecánico. 

Me conducían las observaciones  puestas en cada uno de los objetos que usaba.

Cuando el ascensor concluyó de desalojarnos y me encontré frente a ella y la observé detenidamente, me estupefacté de que ella también se había mecanizado. La vida eléctrica del hotel nos transformaba.

Era en realidad, ella, pero una mujer automática. Sus pasos armónicos, cronométricos de figura de fox trot, se alejaban de mí, sin la sensación de distancia; su risa se vertía como si en su interior de desenrollara una cuerda dúctil de plata, sus miradas se proyectaban con una fijeza incandescentes.

Sus movimientos eran a líneas rectas, sus palabras las resucitaba una delicada aguja de fonógrafo... Sus senos temblorosos de "amperes"...

Ya en el diván de sus cuarto comenzamos a recordar las mismas cosas de siempre...

Nos escuchábamos ambos desde lejos. Nuestros receptores interpretaban silenciosamente, por contacto hertziano, lo que no pudo precisar el repiqueteo del labio.

Me sentí asido a sus manos, pegado a sus nervios, con la aferración de polos contrarios.

Las insinuaciones de sus ojos eran insostenibles; yo los asordinaba con una pantalla opalescente.

Cuando ella desató su instalación sensitiva y sacudió la mía impasible, nos quedamos como una estancia a obscuras, después de haberse quemado los commutadores de espasmos eléctricos...

Ella había llegado a ser un APARTMENT cualquiera, como esos de los hoteles, con servicio "cold and hot" y calefacción sentimental para noches de invierno...

jueves, 12 de enero de 2012

RELOJ por José de Ciria y Escalante

[De José de Ciria y Escalante, una fugaz sombra en la poesía de los años veinte, han quedado unos pocos poemas, muy de época, y el conmovedor memento de un soneto de Lorca («delicado giocondo, amigo mío»). César González-Ruano traza de él esta rápida viñeta: «José de Ciria, santanderino, murió muy joven, era rico y vivía con su guapísima madre, Lola Escalante, en el Hotel Palace». Guillermo de Torre, en su obra Literaturas europeas de vanguardia, lo encuadra entre «los ultraístas de secuencia creacionista». Y añade: «Este malogrado compañero, arrebatado cruelmente a la vida en sus floridos veinte años, publicó escasos poemas, recopilados póstumamente por los que fuimos sus amigos. A los diecisiete años, "con la corbata azul de las ilusiones sobre el pecho y bien apercibido el rifle de las imágenes" [...], compuso delicados poemas que muestran su fresca sensibilidad y la buena puntería de un cazador lírico». En 1920 codirigió el primer y único número de la revista Reflector.


(Tomado prestado de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)]


La madre abadesa
reza
con voz de estrella
Las novicias se han dormido
soñando
con los trasnochadores
La pantalla cinematográfica
aborta
un paisaje lunar
Y en lo alto del FARO
el torrero y su novia
se dan un beso en la boca
Los luceros agitan
las campanillas


"Ritmo coloreado" de Sonia Delaunay

martes, 20 de diciembre de 2011

ARTE, REVOLUCIÓN Y DECADENCIA por José Carlos Mariátegui

Tomado prestado de Los pobres de la tierra.org




Conviene apresurar la liquidación de un equívoco que desorienta a algunos artistas jóvenes. Hace falta establecer, rectificando ciertas definiciones presurosas, que no todo el arte nuevo es revolucionario, ni es tampoco verdaderamente nuevo. En el mundo contemporáneo coexisten dos almas, las de la revolución y la decadencia. Sólo la presencia de la primera confiere a un poema o un cuadro valor de arte nuevo.

No podemos aceptar como nuevo un arte que no nos trae sino una nueva técnica. Eso sería recrearse en el más falaz de los espejismos actuales. Ninguna estética puede rebajar el trabajo artístico a una cuestión de técnica. "La técnica nueva debe corresponder a un espíritu nuevo también. Si no, lo único que cambia es el paramento, el decorado. Y una revolución artística no se contenta de conquistas formales."

La distinción entre las dos categorías coetáneas de artistas no es fácil. La decadencia y la revolución, así como coexisten en el mismo mundo, coexisten también en los mismos individuos. La conciencia del artista es el circo agonal de una lucha entre los dos espíritus. La comprensión de esta lucha, a veces, casi siempre, escapa al propio artista. Pero finalmente uno de los dos espíritus prevalece. El otro queda estrangulado en la arena.

La decadencia de la civilización capitalista se refleja en la atomización, en la disolución de su arte. El arte, en esta crisis, ha perdido ante todo su unidad esencial. Cada uno de sus principios, cada uno de sus elementos ha reivindicado su autonomía. Secesión es su término más característico. Las escuelas se multiplican hasta lo infinito porque no operan sino fuerzas centrífugas.

Pero esta anarquía, en la cual muere, irreparablemente escindido y disgregado el espíritu del arte burgués, preludia y prepara un orden nuevo. Es la transición del tramonto al alba. En esta crisis se elaboran dispersamente los elementos del arte del porvenir. El cubismo, el dadaísmo, el expresionismo [1] etc., al mismo tiempo que acusan una crisis, anuncian una reconstrucción. Aisladamente cada movimiento no trae una fórmula; pero todos concurren —aportando un elemento, un valor, un principio—, a su elaboración.

El sentido revolucionario de las escuelas o tendencias contemporáneas no está en la creación de una técnica nueva. No está tampoco en la destrucción de la técnica vieja. Está en el repudio, en el desahucio, en la befa del absoluto burgués. El arte se nutre siempre, conscientemente o no —esto es lo de menos— del absoluto de su época. El artista contemporáneo, en la mayoría de los casos, lleva vacía el alma. La literatura de la decadencia es una literatura sin absoluto. Pero así, sólo se puede hacer unos cuantos pasos. El hombre no puede marchar sin una fe, porque no tener una fe es no tener una meta. Marchar sin una fe es patiner sur place [2]. El artista que más exasperadamente excéptico y nihilista se confiesa es, generalmente, el que tiene más desesperada necesidad de un mito.

Los futuristas rusos se han adherido al comunismo: los futuristas italianos se han adherido al fascismo. ¿Se quiere mejor demostración histórica de que los artistas no pueden sustraerse a la gravitación política? Massimo Bontempelli dice que en 1920 se sintió casi comunista y en 1923, el año de la marcha a Roma, se sintió casi fascista. Ahora parece fascista del todo. Muchos se han burlado de Bontempelli por esta confesión. Yo lo defiendo: lo encuentro sincero. El alma vacía del pobre Bontempelli tenía que adoptar y aceptar el Mito que colocó en su ara Mussolini. (Los vanguardistas italianos están convencidos de que el fascismo es la Revolución.)

Vicente Huidobro pretende que el arte es independiente de la política. Esta aserción es tan antigua y caduca en sus razones y motivos que yo no la concebiría en un poeta ultraísta, si creyese a los poetas ultraístas en grado de discurrir sobre política, economía y religión. Si política es para Huidobro, exclusivamente, la del Palais Bourbon [3] claro está que podemos reconocerle a su arte toda la autonomía que quiera. Pero el caso es que la política, para los que la sentimos elevada a la categoría de una religión, como dice Unamuno, es la trama misma de la Historia. En las épocas clásicas, o de plenitud de un orden, la política puede ser sólo administración y parlamento: en las épocas románticas o de crisis de un orden, la política ocupa el primer plano de la vida.

Así lo proclaman, con su conducta, Louis Aragón, André Bretón y sus compañeros de la Revolución suprarrealista —los mejores espíritus de la vanguardia francesa— marchando hacia el comunismo. Drieu La Rochelle [4] que cuando escribió Mesure de la France [5] y Plainte contre Vincon-nu [6] estaba tan cerca de ese estado de ánimo, no ha podido seguirlos; pero, como tampoco ha podido escapar a la política, se ha declarado vagamente fascista y claramente reaccionario.

Ortega y Gasset es responsable, en el mundo hispano, de una parte de este equívoco sobre el arte nuevo. Su mirada así como no distinguió escuelas ni tendencias, no distinguió, al menos en el arte moderno, los elementos de revolución de los elementos de decadencia. El autor de La deshumanización del arte no nos dio una definición del arte nuevo. Pero tomó como rasgos de una revolución los que corresponden típicamente a una decadencia. Esto lo condujo a pretender, entre otras cosas, que "la nueva inspiración es siempre, indefectiblemente, cósmica". Su cuadro sintomatológico, en general, es justo; pero su diagnóstico es incompleto y equivocado.

No basta el procedimiento. No basta la técnica. Paul Morand, a pesar de sus imágenes y de su modernidad, es un producto de decadencia. Se respira en su literatura una atmósfera de disolución. Jean Cocteau, después de haber coqueteado un tiempo con el dadaísmo, nos sale ahora con su Rappel a l'ordre. [7]

Conviene esclarecer la cuestión, hasta desvanecer el último equívoco. La empresa es difícil. Cuesta trabajo entenderse sobre muchos puntos. Es frecuente la presencia de reflejos de la decadencia en el arte de vanguardia, hasta cuando, superando el subjetivismo, que a veces lo enferma, se propone metas realmente revolucionarias. Hidalgo, ubicando a Lenin, en un poema de varias dimensiones, dice que los "senos salomé" y la "peluca a la garconne" [8] son los primeros pasos hacia la socialización de la mujer. Y de esto no hay que sorprenderse. Existen poetas que creen que el jazz-band es un heraldo de la revolución.

Por fortuna quedan en el mundo artistas como Bernard Shaw, capaces de comprender que el "arte no ha sido nunca grande, cuando no ha facilitado una iconografía para una religión viva; y nunca ha sido completamente despreciable, sino cuando ha imitado la iconografía, después de que la religión se había vuelto una superstición". Este ultimo camino parece ser el que varios artistas nuevos han tomado en la literatura francesa y en otras. El porvenir se reirá de la bienaventurada estupidez con que algunos críticos de su tiempo los llamaron "nuevos" y hasta "revolucionarios".


Notas:
1 Ver, en El artista y la época, Lima, Ediciones Populares, t. 6, "El expresionismo y el dadaísmo", pp. 64-69.

2 Patinar sobre el mismo sitio. (Trad. lit.).

3 Nombre del palacio donde se reúne, actualmente, la Cámara de Diputados de Francia.

4 Sobre la actitud social y la significación literaria de este escritor, consúltese el ensayo titulado "Confesiones de Drieu La Rochelle", en El alma matinal y Otras estaciones del hombre de hoy, Lima, Ediciones Populares, t. 3, pp. 212-215.

5 Medida de Francia. (Trad. lit.).

6 Queja contra lo desconocido. (Trad. lit.).

7 Llamado al orden. (Trad. lit.).

8 Muchacho, en francés. También estilo femenino de corte de pelo muy de moda en los años 20.

Notas de editorial Casa de las Américas, Cuba, 1982.


lunes, 12 de diciembre de 2011

EXPRESS por Juan Larrea

[Poeta y ensayista español nacido en Bilbao en 1895. Inspirado por la poética de Gerardo Diego se inició desde muy joven en la etapa del creacionismo, vinculándose luego al movimiento vanguardista a través de su amistad con importantes poetas hispanoamericanos como Vicente Huidobro y César Vallejo. Fue bibliotecario de profesión, vivió en Paris por mucho tiempo y a raíz de la Guerra Civil española, se exilió en México, Estados Unidos y Argentina. Su obra poética está contenida en "Oscuro dominio" publicado en México en 1935, y en la recopilación de su obra completa bajo el nombre de "Versión celeste" en 1969. Falleció en Córdoba, Argentina en 1980.

(Tomado prestado de A media voz)]



Pasan los trenes
por el gran túnel
entre las varas de nardo
que tricotean
Sobre mares absortos
las sirenas derraman sus cantos
Una mata de pelo se destrenza
Los tísicos
esputan salivillas rojas
En todas las ciudades
a la misma hora
alguien nos espera
y de todos los trenes
una mano nos llama
En los campanarios
digitan el poniente las veletas


(aparecido en la revista Grecia, 1919)



Ilustración de Cyril Power