lunes, 3 de diciembre de 2012

ANCLAS OPUESTAS por Luis Omar Cáceres


[Hablar de Omar Cáceres es hablar de Defensa del ídolo (1934), el libro que lo situó de manera definitiva en la mitología de la poesía chilena. Este libro, el único publicado por Cáceres y además prologado por Vicente Huidobro, es expresión poética de las corrientes más profundas de las vanguardias literarias, y sufrió desde el comienzo el sino trágico, incluso maldito, que acompañó a su autor durante su corta existencia. Apenas salido de la editorial, el poeta, enfurecido por la serie de erratas contenidas en el libro, juntó todos los ejemplares y los convirtió en una inmensa hoguera. De este destino sólo un par de ejemplares resultaron intactos, entre los cuales se cuentan los que hoy permanecen en la Biblioteca Nacional y que han sido los que permitieron las posteriores reediciones de esta obra. 

Cáceres, quien nació en Cauquenes el 5 de julio de 1904, comenzó a vincularse al ambiente artístico y poético en la agitada década de 1920, en que compartió con poetas como Pablo de Rokha y Ángel Cruchaga Santa María, al tiempo que comenzó a dedicarse a la crítica literaria, principalmente en el Diario ilustrado. Por esos años, además, Omar Cáceres se acercó al Partido Comunista, partido por el que llegó a ser precandidato a diputado. 

Incluído por Rubén Azócar en la antología La poesía chilena moderna (1931), y en la polémica Antología de poesía chilena nueva (1935) elaborada por Volodia Teitelboim y Eduardo Anguita, Omar Cáceres era un verdadero animal poético, poseedor de una lírica profunda y cuestionadora que, en una constante actitud de exploración y desintegración del Yo, se sumerge en múltiples referencias al propio quehacer del creador. Diversos estudios y notas de prensa se han ocupado de este poeta lúcido y refinado, hasta enigmático en ocasiones. 

Se ha vuelto común decir que los poetas suelen estar envueltos en un aura trágica, que suele acompañarlos durante toda su vida. Omar Cáceres, tal vez uno de nuestros malditos por excelencia, no estuvo ajeno a esta profecía autocumplida en que muchas veces se convierte la poesía, y encontró la muerte en circunstancias aún confusas en una zanja rural de Renca, con la cabeza rota y los bolsillo vacíos. A fin de cuentas, esa noche de septiembre de 1943 Omar Cáceres sólo continuaba creando su propio mito. 

En 2011, la Biblioteca Nacional adquirió una valiosa colección de documentos del autor, que incluye manuscritos inéditos, correspondencia personal y fotografías originales del autor.

(Tomado prestado de Memoria Chilena)]



Ahora que el  camino  ha  muerto, 
y  que  nuestro automóvil reflejo lame su fantasma, 
con su lengua  atónita, 
arrancando bruscamente la venda  de sueño 
de las súbitas,  esdrújulas moradas, 
hollando el  helado  camino  de las  ánimas, 
enderezando el  tiempo y  las  colinas,  igualándolo  todo, 
con su  paso acostado; 
como  si  girásemos  vertiginosamente  en  la  espiral  de  nosotros mismos, 
cada uno de  nosotros se siente solo,  estrechamente solo, 
oh,  amigos  infinitos. 

(100,  200,  300, 
miles  de kilómetros,  tal vez.) 
El motor se  aísla. 
La vida pasa. 
La eternidad se agacha, se  prepara, 
recoge  el abanico  que  del  nuevo aire le  regala nuestra marcha; 
en tanto que enterrando su osamenta de  kilómetros y  kilómetros, 
los cilindros  de  nuestro auto  depáranse  a  la  zona  de  nuestros propios muertos; 
he ahí a los antiguos  héroes  dirigiéndonos sus sonrisas de  altivos y  próximos espejos; 
más,  junto a  ellos,  también resiéntense, 
los rostros de nuestros amigos, 
los de  nuestros  enemigos, 
y  los  de todos los hombres  desaparecidos; 
nuestro  automóvil  les  limpia  el  olvido  con  el  roce  delirante de sus hálitos.
Como  esas manos de mármol  que  se  saludan  a  la  entrada de las tumbas, 
nuestro automóvil seráfico  ratifica  el  gran  pacto, 
que a  ambos lados  de la ruta,  conjuradas, 
atestiguan las súbitas,  esdrújulas viviendas golpeándose entre sí ... 

Ahora que el  camino  ha muerto, 
y  que nuestro automóvil reflejo  lame su fantasma,
con su lengua  atónita, 
como  si  girásemos  vertiginosamente  en  la  espiral  de  nosotros mismos, 
cada uno de  nosotros se siente solo,  indescriptiblemente solo, oh amigos infinitos!


Dinamismo de un auto por Luigi Russolo


sábado, 1 de diciembre de 2012

CANTO DE LOS HANGARES por Luciano Folgore

[Luciano Folgore era el pseudónimo del poeta italiano Omero Vecchi (1888-1966). Empezó a escribir muy joven cuando estaba estudiando contabilidad y en 1909 conoce a Marinetti y se une al movimiento futurista. En 1912 Folgore es incluido en la Antologia dei Poeti Futuristi. Colaboró en revista como L'Italia Futurista. Conoció a Cocteau y a Picasso. A partir de 1930 abandonó la escritura de vanguardia.]


Hemos estirado nuestros nervios de hierro al sol,
hemos arqueado nuestros espinazos metálicos,
y abierto a una ráfaga de alegría
la boca, que aspira a grandes sorbos la vida.
La noche no se reclina en nuestras espaldas
a la que al cielo empujamos
el silencio no erosiona nuestros sólidos armazones;
pero un soplo de energía late allí,
una cálida promesa de fuerza
que crece maravillosa.
Hemos lanzado sobre las mareas del cielo
más allá de los escollos de nubes
máquinas hechas con láminas
de fuerza de voluntad,
motores de valentía infinita
que destruyen los vientos
y palancas que elevan el perfil del hombre
muy por encima del destino humano.
Hemos besado en los atardeceres bermellones 
a nuestros hijos que retornaban
y les hemos oído jugar
con metal fulgente y ástiles de madera,
una gran fábula dorada,
las maravillas de un reino
que hace sus palacios encantados
de bloques tallados en azul oscuro.
Nos hemos entretenido en los bordes de la infinitud
Hemos lanzado al pueblo de las estrellas,
el ritmo del hombre rebelde
que marcha hacia un destino sublime
y, con grandes zancadas, se esfuerza
por plantar con firmes raíces
nuestra armadura en el sol.

(De El Canto de los motores)



Construcción de un movimiento (1923) por Ivan Alexeevich Kudriashev

viernes, 30 de noviembre de 2012

FIESTA por Rafael Alberti

[Biografía de Rafael Alberti aquí]

El ave-verde cantaba
            paralelepípedo
                   paralelepípedo
                       paralelepípedo—
El ave-verde cantaba
volando en un velocípedo

Paralelamente
la recta disparada por el puente

Los polígonos alborozados
copulaban al son de los triángulos

                          Y el vals de los cilindros
por el ruedo nevado de la circunferencia

                          Calado el cucurucho
                           voltereteaban los conos

El cubo
sumergía la fiesta en el semicírculo panzudo




La verbena (1927) por Maruja Mallo

jueves, 29 de noviembre de 2012

PRODUCCIÓN


Con cabellera de humo TÓXICO
Sobre una chimenea prolongada
Como metálico cuello de cisne
La FACTORÍA magnetiza a los transeúntes
De gestos automáticos

La vía ferrea circuncida
Su MECANISMO de relojería
Y los vagones descargan estrellas fugaces
En las inmediaciones
De sus párpados ELECTRIFICADOS

Gira el paisaje manufacturado
Las GRÚAS los postes el cableado
Y la fábrica permanece fija
Filmando el espectáculo de luces
Y CADENCIAS

Suena un sssssssssssilbato
Y los engranajes fabriles frenan en seco
EL UNIVERSO está en ralentí
Y los planetas flotan
En un charco de aceite de MÁQUINA

Bajo la luna radiografiada
Trrrrrrrrrepidan los MOTORES


Licencia Creative Commons
PRODUCCIÓN por Tommaso della Macchina se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 España.




Newcastle (1914) por Wyndham Lewis

martes, 27 de noviembre de 2012

TRASATLÁNTICO por Armando Mazza

[Armando Mazza fue un poeta futurista cercano al grupo fundador del movimiento con F. T. Marinetti a la cabeza. Se dice que durante una conferencia pronunciada por el padre del futurismo italiano en el teatro Fenice de Venecia  el ambiente se caldeó y acabó a puñetazos. Mazza era un gran boxeador y su ayuda fue providencial (V. The History Of Futurism, Buelens et al. pp. 42-43).]



Adiós Cherburgo
seis días de travesía
me ahogo en aire líquido
la línea del horizonte nunca alcanzada
el índigo del sol empapado de agua
la antena de radio perlada de rocío

deseos polarizados París - New York

el mistral devana bufandas de frescor

la estela revuelve un tiritar de llamitas

Moulin Rouge
Juliette
ojos llenos de rocío
pestañas
antimionio albayalde carmín
destellos de luz    armellas de iridio

partida

constelaciones de mariposas que revolotean con faldas de gasa cortas
inserción de brazo mimo-tetánico
delirio histérico de la orquesta

versos

la muchedumbre haciendo coros sincopados

brillo mohoso de alegría
miradas oblicuas lujuriosas 


habitación de soltero passage de clichy 10
cigarrillos-cigarrilos-cigarrillos
apagando-encendiendo-encendiendo-apagando
je t'aime


cloral de incredulidad
oh tu incandescente atizador de caracolas antorchas carnales que huelen a mar
je t'aime
sonrisa corrosiva
hilos de humo danzante
el humo se disuelve en el aire como el anís en el agua
se asfixia uno aquí      abrid las ventanas
respirando entrecortadamente
gimiendo
mucílago de saliva en las bocas devoradas
mi lengua derretida de placer como chocolate fondant en el calor de tu boca
filtradas por las persianas franjas de sol matinal diseccionan tu desnudez
el candelabro agoniza humeante


(Traducido del italiano por Tommaso della Macchina)


Portada del poemario Firmamento  de Armando 
Mazza que incluye comentarios de F. T. Marinetti

lunes, 26 de noviembre de 2012

ESTADO DE ÁNIMO por Mario Dessy

[Mario Dessy nació en Milán el 27 de junio de 1902 y fue un poeta adscrito al grupo Italia Futurista. El siguiente poema, que como se puede apreciar es de raíz simultaneista, apareció en la revista Freccia Futurista del 4 de mayo de 1917. ]


Pálidos colores de una extraña sensibilidad enfermiza     sonidos lentos
enarmónicos     extrañas voces     nostálgicas canciones susurros de cortinas de seda
oreadas     atmósfera leve tintineante azul
Largas trenzas rubias rozando mi cuerpo
ríos de cabello inundando mis facciones profusamente
               asfixiándome           espasmo
asfixiando en un día caluroso en pleno agosto       muriendo besando sorbiendo
mordiendo dos labios de cinabrio
El sonido de un portazo
Estirando una pierna      ¡solo tengo una!
¡Qué araña!
Un grito
Tlac
          z                                        z
                z                          z
                       z           z

Soy lanzado a la inmensidad de las olas

(Traducido del italiano por Tommaso della Macchina)



Cabecera original de la revista Flecha Futurista



martes, 20 de noviembre de 2012

POEMA DE LAS FÁBRICAS por Eduardo González Lanuza


[(Santander, 1900-Buenos Aires, 1984) Escritor argentino de origen español. Fundó con Borges la revista Prisma (1925), impulsora de la vanguardia argentina, y colaboró en Proa y en Martín Fierro. En sus inicios poéticos se aprecia la influencia del ultraísmo (Prismas, 1924). Con posterioridad, se orientó hacia una poesía de formas clásicas (La degollación de los inocentes, 1938; Oda a la alegría y otros poemas, 1949; Aires para canciones, 1977). Es autor también de ensayos (Variaciones sobre la poesía, 1943; Los martinfierristas, 1961).]



Los gritos encadenan | trajín apretujado 

un instante con todos | mil prisas se penetran 

los instantes                 |

Pistones  | El alma 

bielas      | sueña con engarzar los horizontes 

émbolos   | 

En la carne de fuego    |                              prolijidad 

                                           | CALDERAS       exacta 

trepidan las centurias |                              El manómetro  
                                                                           es el pulso de la 
                                                                           fábrica 




La guerra por Giacomo Balla